“Pintado de Azul”

“Pintado de Azul” es una  sección en la pagina del Cartaginés, que llegará semana a semana a través de las columnas escritas por el reconocido periodista y brumoso confeso Danilo Jiménez Sánchez,

Este profesional en el ámbito de la comunicación tiene 26 años de experiencia y fue Editor de Deportes de La Nación. Cubrió el Mundial Francia 98’ y ejerció la corresponsalía deportiva de la edición en español de The Washington Post. Trabajó en el IICA, la CEE y en agencias de noticias como corresponsal. Además,  ha realizado consultorías en prensa y comunicación, escribió el libro “Saprissa siempre grande” y colabora con las revistas del Grupo Nación SoHo y Bienestar.

Para el torneo de Inverno 2011 vuelven las columnas y los atinados comentarios de este destacado comunicador, quien nos transportará con sus análisis a las vivencias de cada compromiso que enfrente el Cartaginés.

-Disfrute de la entrega número 14 de  “Pintado de Azul”:

Cuando manda el corazón

Por Danilo E. Jiménez S.

La mano venía mal por los reveses ante Saprissa y Herediano.

Y ese arranque contra Belén no auguraba nada bueno.

Había que torcer la maldita racha y al final se logró con una buena dosis de corazón.

Nos jugamos la clasificación en cuatro juegos. Esa será la prioridad en adelante.

Después, cuando el Invierno 2011 sea historia les prometo un análisis a fondo de lo bueno y lo malo.

“El Profe” encaró el partido con dos novedades. Hidalgo tomó el lugar del disminuido Johnson en la zaga y Eneas vio acción desde la partida.

Su aporte no pesó en la inicial porque Belén plantó dos líneas de cuatro delante de su arquero y maniató la ya disminuida cuota de talento.

Cuando Alfaro se zambulló y conectó de cabeza para el 0-1 hubo un miedo premonitorio.

La sensación creció al escasear los recursos para atravesar el bosque de piernas belemitas.

En 30 minutos solo Eneas se acercó con visos de algo, en una barrida que sorprendió a todos porque lo lógico era que la pegara de izquierda e igualara el juego.

La angustia la evaporó el de siempre, el más regular, Eduardo Valverde. “Lechita” bajó un centro de Salas en el punto de penal, sorprendió a los centrales de Belén y remató de izquierda.

La pelota surcó el espacio en diagonal y se metió en el palo izquierdo de Álvarez.

Con poco habíamos logrado mucho.

En el complemento, “Chiqui” patentó muy temprano que las cosas serían diferentes. Apenas movió la pelota, largó un derechazo con pretensiones de red desde 40 metros que el arquero rival desvió sobre su derecha.

Sin jerarquía para tejer algo con la pelota, “El Profe” se la jugó e introdujo a Brenes por el alicaído Lezcano.

La permuta rindió frutos muy rápido porque Danny y López tuvieron a un socio sobre quien descargar cada pelota recuperada y el equipo mejoró.

Creció porque al empeño le sumó una dosis discreta -eso sí- de creatividad, que sembró la duda en el hasta entonces sólido valladar de Belén.

Josué sirvió su segunda asistencia de gol al 58. Cobró un tiro libre desde el costado derecho y la pelota la ganó en las alturas Eneas para el 2-1 parcial.

Hubo señales de agradecimiento al cielo y abrazos sentidos sobre la grama. Pero el destino tenía otros planes.

En 10 minutos se fueron Osman y Eneas. El equipo juntó a su cuarteto de pasadores favorito: Valverde, Jiménez, Brenes y Sánchez.

Hubo más recursos para tocar la pelota y los visitantes pusieron la reversa.

El 3-1 era cuestión de tiempo, pero una viveza de David Elizondo confundió al juez y se señaló un penal inexistente.

Andrés Sanabria jamás tocó al rival y a Ever solo le quedó sellar el 2-2 desde los once pasos.

Fue la prueba de fuego para el corazón de los blanquiazules porque después de dos semanas traumáticas y un penal injusto, lo lógico era que la resignación se adueñara de todo.

Pero entre tanto mal augurio emergió una joyita de jugada.

Quesada repelió a doble puño un contraataque belemita. José Sánchez despejó apurado y la pelota la ganó Brenes, en la frontera del medio campo.

Le hizo un “sombrero” a su marcador y encaró el arco perseguido por una jauría de camisetas negras.

El volante no esperó la salida del arquero e intentó vencerlo con un zurdazo colocado. Álvarez desvió sobre su costado derecho y “Chiqui” solo tuvo que tocar suave para sentenciar el partido.

Fue una victoria sufrida porque se materializó con una buena cuota de escuerzo y talento a cuentagotas para marcar la diferencia.

Ahora viene Alajuelense que tras su revés 0-2 ante Limón sacará a todos sus estelares. Es decir que no se reservará a Gabas, a Sarvas ni a González, como el domingo.

Por esta vez, apostémosle a la mente fría, al cálculo y al equilibrio porque de lo contrario será muy difícil puntuar.

 

-Disfrute de la entrega número 13 de  “Pintado de Azul”:

De tú a tú

Por Danilo Jiménez S.

Tutearse con el Saprissa resultó un correctivo para el orgullo.

En la previa del juego aparecíamos iguales en fuerzas y puntos, pero el resultado nos dejó un peldaño abajo.

Caímos 3-1 y la diferencia pudo ser mayor si Josué Martínez tuviera memoria de gol.

Igual pudimos empatar si aquella rayería bajo el portal de Bolívar en los albores del complemento se funde en la red.

Pero sin llamarse a engaño, en el inventario de situaciones de anotación Saprissa nos sacó varios cuerpos de ventaja.

Destaco, eso sí, la actitud del “Profe” para jugarse por la igualada al sacar a Randall Alvarado e introducir a Lezcano, cuando el segundo tiempo gateaba.

Saprissa ganó porque tuvo en Centeno al lanzador inspirado que colocó a sus delanteros mano a mano con el gol.

De sus piernas nacieron las jugadas más apremiantes, con pases al espacio que montaban la antesala de anotación. Nosotros carecemos de un jugador de este tipo.

Escribo que el 3-1 fue un correctivo para el orgullo porque si la idea es salir y jugársela de tú a tú con Saprissa, Herediano y Alajuelense, vamos a perder.

No menosprecio lo que tenemos, pero nunca engañé a nadie con mi punto de vista.

Codearse de igual a igual con los tres candidatos al título puede acabar en pesadilla si no corregimos ese desequilibrio en el medio y sumamos peso a nuestro ataque.

Después del juego ante el Santos expuse que debemos “montar un peaje” en el medio para dificultar el tránsito del rival y evitar que nos lleguen a la defensa por todos los frentes.

En Tibás no atinamos a cortar el circuito de juego morado y ello le permitió a Centeno manejar los hilos a su antojo, recibir, perfilar el pase y lanzarlo prácticamente sin oposición.

Hay que trabajar duro con Danny y Alvarado, o probar nuevas duplas para dar con la parea ideal que nos ayude a equilibrar el juego en el centro del campo y elaborar mejor las acciones ofensivas.

El otro déficit en el medio es la propensión de nuestros volantes a trasladar en una zona donde hay que tocar.

Valverde, a quien elogiamos a menudo por su fútbol vertical y desequilibrante, cambió su sentido para juntarse y tocar por el transporte excesivo y ha perdido sorpresa.

Todos nuestros volantes, Pablo, Paolo, Eduardo, Osman y José son excelentes pasadores en corto, no lanzadores, y el equipo resiente esa propensión a aderezar en exceso cada jugada cuando se impone tocar al claro para crear un espacio de gol.

Esa labor que en Saprissa la hace Centeno, en Cartaginés es un listón que nadie se atreve a bajar.

Y el otro riesgo que corremos al jugar de tú a tú con un rival superior es nuestro ataque frágil, dependiente en exceso de “Chiqui” y sin un complemento que penetre por los costados, desborde y meta el pase o haga el gol.

De cara al futuro, hay que pensar con seriedad en la necesidad de apuntalar el equipo con un creativo y dos delanteros de peso.

 

-Disfrute de la entrega número 12 de  “Pintado de Azul”:

Se vale rebobinar

Por Danilo Jiménez S.

Pérez y Cartaginés le bajaron el telón a la jornada 15 del Torneo de Invierno 2011 este lunes.

Fue 0-0 en San Isidro de El General, aunque por el monopolio de opciones de gol en el complemento debió ser 0-2.

“Chiqui” pegó un zurdazo en el palo derecho de De Lemos al 89’ y en la última acción del partido, el mismo arquero desvió un remate de Sánchez con pretensiones de red.

Al inventario hay que sumarle las jugadas de peligro que tejieron Valverde, Danny y Paolo en la inicial, y otro remate del “Chiqui” al 63’, que debió quebrar la paridad.

La sumatoria de oportunidades dio cinco, pero la impericia se impuso y confirmó la urgencia de mejorar la puntería si aspiramos a pegar el salto de calidad en la tabla.

Lo bueno del resultado es que nos deja en condiciones de igualdad ante Saprissa, el próximo rival.

Nos hermanan los 20 puntos y el pulso por el tercer lugar. Quizás nos convendría rebobinar en el tiempo…

A Tibás llegaremos con el aval de la estadística reciente. Sobre esa grama artificial el equipo suma y gusta, neutraliza al dueño de casa y desde el ciclo del “Macho” Mora pasea un invicto sin derrotas.

Aquella vez Erick Jiménez definió el partido en la agonía, en una jugada con mucho desborde y desequilibrio que mostró de cuánto es capaz Paolo Jiménez si pedalea su bicicleta en los costados del área.

“El Profe” Chaves también ganó allí. Fue aquel encuentro en dos actos, que se suspendió una tarde de sábado por una rayería diluviana y se reanudó un domingo con “Chiqui” como protagonista en la red.

Saprissa llega presionado. Apenas igualó con Belén en el Nacional y su técnico no encontró más excusa que culpar a la cancha.

¡Qué mediocridad! Los entrenadores de los dos equipos más importantes del país ahora culpan a una cancha del primer mundo del fútbol por sus malos planteos y resultados.

¿Acaso no son los mismos que años atrás, en su época de futbolistas, justificaban el rezago futbolístico por la calidad de los escenarios en donde jugábamos?

Lawrence Harrison tenía razón: el subdesarrollo es un estado mental.

Yo prefiero rebobinar y pensar que la victoria no está pegada del cielo.

Y si sobreviene la derrota, no creo que rebusquemos argumentos carentes de inteligencia para justificar algo que salió mal.

-Disfrute de la entrega número 11 de  “Pintado de Azul”:

Ingrediente extra

Por Danilo Jiménez S.

“El Profe” lo sintetizó muy bien después del 0-0 ante San Carlos.

A veces hay que apelar a un ingrediente extra, cuando la táctica no alcanza y las cosas pintan mal.

Esa expresión es un eufemismo para referirse a la necesidad de enderezar un  resultado a punta de actitud y carácter.

El partido de anoche ante Santos tuvo mucho de eso. Se jugó con fervor y como ocurre siempre que el músculo desplaza a la razón, sobró vértigo y faltó claridad.

No es una crítica, es un elemento para sustentar el análisis, y un ingrediente que deseo ponderar tras el bajón espiritual del duelo ante los norteños.

La noche del miércoles hubo regresos y reacomodos. Josué volvió a la suyo en el costado izquierdo de la zaga; Hidalgo reasumió su rol como defensor derecho, y Danny lidió en soledad como “5”.

Para redondear los ajustes, Valverde “volanteó” por la derecha como era la norma; Sánchez lo hizo por la izquierda y Pablo repitió como conductor y guía, con más bajos que altos.

De entrada Santos ganó la partida en el medio. Fallamos en esa tarea de montar un “peaje” para dificultar el tránsito, y nos llegaron francos por los costados y el corazón del área varias veces.

Osvaldo tuvo un par de intervenciones salvadoras, y Villalobos y Sanabria atinaron en cuatro cruces que pudieron terminar en gol.

Eduardo y José no marcaban tanto como sus pares guapileños Varela y Castro, pero se animaron con diagonales pelota al pie que Jason Scott y Charpentier evitaron que progresaran a preámbulo de gol.

Berny Scott robó una pelota en el medio, avanzó 10 metros sin marca y prendió un derechazo con pretensiones e red, que quebró la imbatibilidad de Osvaldo en cuatro partidos.

La grada bramó, hubo silbidos y pedidos de cabezas, pero Chaves respondió con mente fría y reacomodó en el complemento.

Conceiçao, Paolo y Lezcano llegaron uno tras otro. Se fueron Sáenz –sin suerte aún para enviarla a la red y empezar a crecer-, Hidalgo y Sánchez.

Eneas se recostó sobre la izquierda y la cuota de recuperación se triplicó –quizá en los partidos en casa él pueda aportar el equilibrio necesario al jugar con un solo “5”-, Paolo tapó a Hanzell Arauz y aportó una claridad que Hidalgo no tuvo, y Lezcano –muy bajo de nivel aún- al menos dio superioridad numérica en los últimos 25 metros.

Fueron los mejores momentos blanquiazules, compensados con el empate del “Chiqui” que instaló el festejo en las gradas y alimentó la idea de que el 2-1 era cuestión de tiempo.

Cuando esperábamos un desenlace con victoria la torre del costado sureste se quedó a oscuras y Santos halló en la oscuridad la pausa que necesitaba para frenar el vértigo azul y amarrar el empate.

A mitad de semana cerramos la seguidilla de juegos en casa con 8 puntos sobre 12 posibles.

Quizá los recuperemos con dos victorias afuera, que hoy suenan a utopía.

La pausa dominical vendrá bien para meter la cabeza en el refrigerador, revisar el siempre sensible tema de hombres y roles, y salir a tentar al futuro en un cierre de torneo que se avizora difícil.

Esta vez nos salvó ese ingrediente extra que extrañamos ante San Carlos.

 

-Disfrute de la entrega número 10 de  “Pintado de Azul”:

El efecto dominó

Por Danilo Jiménez S.

¿Por qué ahora que el liderato estaba a tiro de piedra -3 puntos- redondeamos un partido tan pobre ante San Carlos?

¿Cuál es el miedo de abrazarse a la cima, aliarse al protagonismo y enviar un mensaje de aspirante a título, a técnicos y aficiones rivales?

¿Por qué desentonamos siempre que hay algo grande de por medio, cuando se trata de confirmar la solidez del proyecto blanquiazul?

Otra vez, un simple ajuste en defensa para cubrir la ausencia de un estelar, debilitó toda la estructura al grado de que en el duelo ante el colero no se sabía quién era quién.

Porque no nos llamemos a engaño. El modesto San Carlos nos paseó todo el primer tiempo y con una mayor dosis de riesgo ofensivo en el complemento, pudo embolsarse el partido.

Hay temas que como analista del fútbol no entiendo.

¿Por qué poner a nuestro generador de juego insignia –Eduardo Valverde- como defensor de la derecha, para cubrir la plaza del lesionado Johnson?

¿No era mejor devolver a Héctor Hidalgo a ese carril, ponerle fin a la penitencia de Josué Salas por su mal juego ante la Liga y reinstalarlo como dueño de la banda izquierda?

Lo de Valverde tuvo un efecto dominó y confirmó la presunción previa de que si falta una de las piezas clave –Johnson, Villalobos, Sanabria, Danny, Valverde y “Chiqui”- el resto del equipo se resiente.

Sin un hombre que reclamara la pelota y la administrara con propiedad, nos limitamos a ver jugar al rival y resignamos muy temprano el empate.

Otro déficit fue la pobreza espiritual para encarar un juego decisivo en el pulso por la cima del torneo, con Herediano y Alajuelense.

Fuimos prisioneros de una abulia casi generalizada y un conformismo exasperante ante un enemigo frágil que venía de caer 5-0 ante Herediano.

¿Con esta fibra combativa vamos a torcer una sequía de títulos de 70 años?

Tampoco fue que Casas se lució con un planteo digno de Premio Nobel. El uruguayo tomó el video del partido ante Alajuelense y capitalizó ese compendio de errores en azul y blanco para alzarse con el control.

Como en su noche hizo “Macho” Ramírez con Sarvas y Gabas, Daniel metió “una doble pinza” entre los dos “5” brumosos –Fonseca y Alvarado- aíslo su circuito de acción con Amarilla y Acosta, y encomendó a Mora y a Pérez la tarea de lanzar sobre los costados y el centro del ataque a Sánchez y a Cunningham.

Nunca le tomamos la medida al partido, porque sin Valverde Cartaginés carece de vértigo e inventiva.

Y si bien Brenes estuvo excelente ante Limón y regular contra Puntarenas como conductor, lanzador y guía, el domingo se dejó abrumar por la presión rival.

El equipo se redujo, entonces, a lo que Eneas pellizcara por el costado izquierdo -ahora como volante por ese sector- y aunque le ganó algunos centros a Félix Montoya, no fue el rompedor de otros juegos de tres cuartos de cancha hacia delante.

Los cambios no dieron fruto porque el onceno casi nunca tuvo la pelota ni mucho menos quien la sirviera con ventaja. Por ello, ni Lezcano, ni Sánchez ni Guzmán aportaron lo que tienen.

Es un buen momento para repensar lo que viene, sobre todo de cara a esas salidas dificilísimas a San Isidro de El General, Heredia, Tibás, Limón y Puntarenas.

Un primer paso será perderle el miedo a volver a ser grandes.

El otro es que se vale aprender de los errores.

 

-Disfrute de la entrega número 9 de  “Pintado de Azul”:

Un caudillo a prueba de rayos

Por Danilo Jiménez S.

Ese aguacero del domingo fue mágico. Derribó las barreras entre los azules de sol y los de sombra. Y juntos fuimos más…

Apretujados en la gradería este, inmunes a la lluvia y a los rayos, asistimos a otra tarde de fiesta.

¡Qué poder mágico el de los resultados! Dos 3-0 en casa ante los puertos disiparon el nubarrón de duda que generó la goleada ante la Liga.

El rendimiento de los “relevistas” le dio la razón al técnico. Hace una semana ponderamos el aporte de Osvaldo, Pablo y Héctor.

Ahora se impone hablar de Danny, el caudillo.

El torneo de Invierno no arrancó bien para él. Tuvo altibajos ante San Carlos y Santos, y alcanzó su punto más bajo contra Pérez Zeledón.

Dos coberturas deficitarias terminaron en gol (2-2 en el “Fello” Meza) e instalaron en la mente de los analistas la duda acerca de su verdadero nivel.

Pero un futbolista de su experiencia tiene la capacidad de reinventarse. Su aporte como “5” clásico se vio empañado porque en cada partido el técnico le cambiaba el acompañante o a veces lo relegaba al banco.

Y el tiempo dejó claro que su yunta ideal es Alvarado. Randall juega delante suyo o recargado sobre los costados, va y viene. La gana con propiedad y la sirve mejor.

Entonces, con un ladero de lujo, Danny sacó lo mejor que tiene: despliegue, liderazgo e influencia.

Y ante Puntarenas le sumó gol. El primero demostró el poder demoledor de su “calva” en acciones de táctica fija. Fue un gol clonado del que le hizo una semana atrás a Limón.

La acción denota que el “Profe” confía en los frutos de la pizarra para llegar a la red enemiga.

El segundo tanto mostró su instinto goleador, una reminiscencia de sus inicios en el potrero, cuando jugaba adelante e hincaba porteros.

Capitalizó una devolución a Sequeira y metió la punta del botín para señalar el 2-0.

Si la paliza ante Alajuelense fue aleccionadora, este 3-0 sin atenuantes también fue rico en enseñanzas.

Para mí, Puntarenas fue el rival más claro en conceptos que hemos enfrentado este certamen. Esta versión naranja es la reencarnación del extinto Barrio México.

Luis Fallas era el asistente técnico y se llevó la columna vertebral al Puerto.

El resultado es un equipo compacto, ambicioso, que presiona en la salida y sitúa a sus defensores a la altura del círculo central.

Ese protagonismo, acompañado por una buena relación con la pelota (ojo con Diego Brenes, el “10”), le permitió generar cuatro buenas oportunidades que Osvaldo resolvió con aplomo y clase, en achiques salvadores.

Cuando Cartaginés lo atacaba, regalaba mediacancha y dificultaba el tránsito.

Ahí Valverde hizo valer su peso, tocando o trasladando de acuerdo con las circunstancias.

El cierre de partido tras las dos pausas por rayería fue lo mejor.

Asistimos a un epílogo de ida y vuelta. Puntarenas ajustó su dibujo táctico en pos de una anotación que lo metiera en el partido.

Introdujo a Roberto Segura (pasó de línea de 4 a línea de 3), y le apostó al manejo de Yendrick Ruiz y a la potencia de Loui Carr.

Osvaldo apeló a sus puños para evitar que los centros sobre el portal evolucionaran a preámbulo de gol y la cosa no pasó de un susto.

Una anotación premió el buen hacer de Alvarado al cierre, en una jugada que tuvo mucho toque, profundidad e instinto en el área.

Con el 3-0, el brioso Puntarenas largó lo que le quedaba y casi descuenta en un penal errado por el prometedor Diego Brenes.

La tarde se hacía grande y entre tanta emoción se imponía volver a casa.

Mientras el “Fello” Meza raleaba, la figura del caudillo a prueba de rayos se paseaba en boca de todos.

 

-Disfrute de la entrega número 8 de  “Pintado de Azul”:

Saludable regreso

Por Danilo Jiménez S.

El fútbol se rige por la lógica del presente.

El pasado es una referencia y el futuro no existe.

La paliza ante Alajuelense fue recuerdo y enseñanza. Y las réplicas del cimbronazo se reflejaron en la alineación.

Siete cambios ante Limón demuestran que un número importante de jugadores no hizo la tarea bien ante la Liga. Pero… más allá de eso, lo edificante es que quienes recibieron la oportunidad cumplieron con creces.

Veamos tres ejemplos: Osvaldo Quesada, Héctor Hidalgo y Pablo Brenes.

El meta suplente tiene con qué pelearle la titularidad a Torres. Ante Limón impuso su capacidad para jugar el área y resolvió con los puños cuatro situaciones apremiantes.

Hugo Gatti, ídolo de Boca Juniors en los ochentas, decía que un arquero excelente se diferenciaba de uno bueno en su capacidad para evitar que una jugada intrascendente evolucionara a peligro de gol.

Y Osvaldo lo demostró. Ojalá no se equivoqué como en aquel partido ante Saprissa, en la campaña pasada, en donde pagó dos dudas con goles.

Un cancerbero de su experiencia tiene que creerle a su instinto e ir por todos los balones con decisión.

Hidalgo también se abrió un espacio en la formación. Saludo este regreso porque creo en él, no importa si le encomiendan la parcela izquierda de la defensa.

Salvo un par de sustos, cuando lo encararon pelota al pie y los dejaron hablando solo, rindió. Está claro que lo suyo es el manejo claro, la capacidad para asociarse después de recuperar una pelota y servirla, y su claridad para darla con ventaja.

Me recuerda a Steven Bryce y quizá su espacio natural estaría en el medio, como mediapunta.

Y lo de Paulo Brenes me llenó.  El zurdo fue lo más parecido a ese “10” que extrañamos hace varias campañas. Se ubicó como “mediocentro”, delante de Alvarado, y jugó con clase cada pelota recuperada.

La acción del 2-0 mostró su valía en el circuito de juego del equipo. Recibió de Alvarado, la dio de primera a Johnson por la derecha y “Chiqui” solo tuvo que embocarla a un toque.

Esa acción sintetizó la aspiración táctica del equipo: presión para quitar la pelota –Alvarado- pase con ventaja –Paulo- centro –Johnson- y anotación –Brenes-.

El destino lo premió con un gol en la acción de tiro libre que sirvió para sellar la victoria, aunque tuvo la complicidad de la barrera.

Fue el regreso como titular de un gran futbolista que estaba atorado en una disputa administrativa.

Otros dos pilares fueron Alvarado y Eneas. El joven recuperador tiene que plantearse metas altas. Posee un perfil envidiable, tiene mucho sentido para patrullar esa zona neurálgica donde circula la pelota, y si aprende a darla al pie, estamos ante un jugadorazo.

Yo lo veo como el “5” que la Selección ocupa, pero debe romper el cascarón rápido porque Yeltsin Tejeda, del Saprissa, le iguala en clase.

Y por último, Eneas es infaltable. En mi opinión, es el socio ideal del “Chiqui” mientras Lezcano encuentra el partido que lo saque de las sombras.

Conceiçao presiona, incomoda, saca de su zona a los centrales y nunca se sabe qué saldrá de su repertorio: un centro, un disparo, un amague…

Ahora se viene Puntarenas, dirigido por un técnico desconocido en el medio, pero con buena academia. Le gusta proponer y ya le complicó el partido al Saprissa en Tibás.

Ojo con los tiros libres de Yendrick Ruiz, el hermano de Bryan.

 

-Disfrute de la entrega número 7 de  “Pintado de Azul”:

No se puede perder así…

Por Danilo Jiménez S.

Otra vez un partido ante la Liga se convirtió en barrera insalvable.

El calvario empezó en el bautizo del Torneo de Invierno 2010, en esa misma cancha, y se convirtió en ritual desde entonces.

Lo de anoche en el Morera Soto fue patético. No se salvó nadie…

Hubo señales previas que no se atendieron.

Lo del domingo ante Belén fue premonitorio. Un equipo modesto nos paseó una buena porción del partido, tocó a su gusto en el medio y nos llegó a los bigotes de Luis Torres con pelota al pie.

Ya habíamos advertido que Osman como “5” era un riesgo porque no presiona como dicta el manual, en la zona de generación, anticipando al que más sabe con la pelota y acechándolo para forzarlo al error.

Hubo otro detalle que no entendimos. Si el eje central de la defensa integrado por la dupla Villalobos-Sanabria es lo más sólido del equipo, ¿por qué lo deshacemos para suplir la ausencia de Johnson?

Ahí estaba Héctor Hidalgo para que copara el carril derecho. Esa parcela no le sienta bien a Andrés, que no tiene zancada ni reacción para perseguir o cabalgar en misión ofensiva.

Flores no está para pareja de Villalobos. Carece del sentido de tiempo de Sanabria para anticipar, llega tarde y presiona con dificultad. Anoche se vio en tres acciones que terminaron en gol.

La derrota era previsible, pero no tan grosera como ocurrió porque confiábamos en los 15 meses de proceso que tiene el equipo. Pensábamos en un 2-0 o 2-1, porque no hay que llamarse a engaño: la Liga está dos escalones por arriba de nosotros.

Lleva cuatro años de proceso, tiene dos planteles, es el campeón, dispone de billetera y si al “Machillo” le hace falta un jugador, lo pide y se lo traen enseguida.

Nosotros no. Somos pobres, invertimos de acuerdo con nuestras posibilidades, tenemos un equipo con seis o siete figuras que se resiente si le faltan dos, como ocurrió anoche.

Si de comprar se tratara, nos hace falta un arquero de jerarquía; un ladero de ida y vuelta; un volante mixto de nivel internacional; un creativo y uno o dos delanteros potentes y con gol.

En suma, seis figuras que respalden en la cancha la aspiración legítima de ser campeón.

El invicto resultó ser un espejismo. Era como esas alfombras grandes que copan la sala de las casas, que se ven bonitas por fuera pero que en realidad sirven para esconder los defectos del piso.

Igual tenemos que limpiarnos las rodillas, ponernos de pie y caminar para adelante.

Hay tareas apremiantes: definir quién o quiénes serán los volantes “5” definitivos, juntar y no aislar por los costados a Valverde y a Sánchez para elevar la cuota creativa, mejorar la capacidad para usar la amplitud de la cancha y darle profundidad al juego del equipo, y definirse por Lezcano o Conceiçao para brindarle a “Chiqui” el socio que necesita.

No queremos convertirnos en otro jamoncito para el león.

 

-Disfrute de la entrega número 6 de  “Pintado de Azul”:

Exigencia, el nuevo valor

Por Danilo Jiménez S.

Cartaginés debe sincerarse consigo mismo.

Debe entender que está en una era diferente, llena de desafíos y oportunidades.

El nuevo ciclo arrancó quince meses atrás, cuando Johnny Chaves tomó el mando y fijó un nuevo derrotero.

El camino es jugar bien, puntuar y revertir el pasado de frustraciones.

Los frutos empiezan a asomar la nariz.

Por primera vez en años, el equipo se alió al protagonismo de entrada y reivindicó legítimas aspiraciones de grandeza.

Ser grande no es ajeno. Fue una constante en las décadas del 60 y 70 del siglo pasado.

Pero ocurrió que olvidamos el rumbo, nos dejamos vencer por los miedos y  nos enlistamos en el triste lote del montón.

Ahora hay que actuar en consonancia con los nuevos objetivos.

No basta con aspirar a ser grande; hay que parecerlo también.

El protagonismo paga con intereses altos, pero implica exigencias y responsabilidades.

Una de ellas es confirmar la clase que se tiene jornada a jornada. Los futbolistas deben creérsela.

Por eso un rendimiento como el del domingo ante Belén no calza con las nuevas expectativas.

De ese juego solo rescato el carácter y el empate agónico.

No puede ser que un equipo que viene de Segunda, que no cobró salarios durante nueve meses, que se terminó de armar con lo que dejó el mercado de pases, nos dominara a placer.

Tampoco pienso que sea saludable darle crédito a las justificaciones: que la cancha no reúne las medidas oficiales, que el piso no tiene caucho, que llovía, que teníamos dos bajas, etc.

Me cuesta creer que un volante de regular manejo, como José Macotelo, nos dé una lección de cómo bordar la primera puntada de todos los ataques. ¿Y los nuestros, qué?

No concibo que solo generáramos un saque de esquina y dos remates a marco, uno de Sáenz y el gol de Lezcano.

¿Quiere decir que cada vez que “Chiqui” no juegue habrá sequía en el arco de enfrente?

Rescato el esfuerzo y la voluntad para disputar cada pelota, pero me inquieta que fuéramos incapaces de tirar tres pases seguidos, de abrir los costados de la cancha y de no encontrar la fórmula para copar espacios en una cancha chiquita para ganar la pelota, ordenarse y tocar.

La exigencia debe ser el nuevo valor. Y el tema nos compete a todos; al técnico; a los jugadores; a los dirigentes; a la afición…

Tenemos que exigirnos para sacar lo mejor que tenemos.

Esa es la clave ahora y no se valen las excusas.

El premio vale la pena: pasaporte directo a la historia.

 

-Disfrute de la entrega número 5 de  “Pintado de Azul”:

Otra fiesta y varias lecciones

Por Danilo Jiménez S.

Cuando los cartones estaban 1-1, nadie imaginaba otro epílogo de fiesta. Hay que ser honestos y admitir que Herediano llevaba mejor el juego, pisaba el área con una buena dosis de peligro y controlaba la zona de creación.

Pero “Chiqui” todo lo puede y resolvió el partido en nueve minutos. En ese espacio temporal del 74’ al 85’, Randall confirmó su estado de gracia. Generó dos penales e instaló el festejo en las gradas.

El juego era trabado y difícil porque Cancela se movía a placer, espoleado por la tímida presión blanquiazul.

“El Profe” ensayó una variante en el medio y estrenó a Osman como “5” en solitario. Se guardó a Danny y a Alvarado, y la mano no vino bien.

Herediano tocó a placer; Cancela y Cordero dispusieron de una parcela de 30 metros para juntarse, tocar y lanzar a “La Flecha” Barbosa con ventaja.

Cartaginés se puso 1-0 porque “Chiqui” se anticipó a Castro y venció a un Moreira que nunca se decidió a salir. Iban 19 minutos y no era más que el rival.

Por eso el empate de Barbosa al 32’ no sorprendió. Ya se lo había anticipado a Torres, en una acción clonada, seis minutos antes.

Sin un “5” que la ganara y la diera al pie, Valverde tuvo que fajarse a recuperar y el equipo extrañó el juego a ras del piso y el toque como punto de partida en la elaboración.

Para agravar el panorama, Paolo no pesó porque su gambeta a 40 metros del área es estéril y Eneas como pivote frente al área rinde menos que como eje de ataque.

Cartaginés quedó reducido a lo que Brenes pudiera pescar en los últimos 25 metros o a algún centro que las descolgadas del ascendente Johnson propiciaran.

Chaves aprovechó el entretiempo para ajustar el dibujo táctico. Movió a Jiménez al centro del campo, para distribuir el balón con agilidad e inteligencia.

La variante no produjo réditos y Paolo fue sustituido. A uno le parece que la cuota creativa la deben aportar Valverde y Sánchez por manejo y presencia.

Ambos procuran ocupar siempre los lugares más fértiles del campo para recibir, perfilarse y organizar. Pero José quedó en deuda al hacerse expulsar.

El ingreso de Danny le dio al equipo el equilibrio que no había tenido en todo el juego. Y la variante de Lezcano la claridad de tres cuartos de cancha para adelante que fue moneda de uso corriente en los mejores encuentros del ciclo Chaves.

Ahí comenzó otro partido. Cartaginés entró en su juego de posesión y pases, y “Chiqui” esgrimió su capacidad goleadora.

Este partido es de enseñanzas. Una es que ubicar a Osman como “5” solitario se puede pagar caro ante un rival de peso como Alajuelense.

Otra que valdría la pena juntar y no exiliar por los costados a Valverde y a Sánchez, para que el onceno teja el juego con paciencia, criterio, precisión y velocidad.

Para llegar a ser un gran equipo se necesita funcionamiento. Esto se consigue con tiempo de trabajo, la participación de todos los futbolistas y un entrenador que logre convencerlos de su idea y de su ejecución.

En esto hemos avanzado mucho, pero siempre se puede más.

¿No creen?

 

-Disfrute de la entrega número 4 de  “Pintado de Azul”:

La hora buena

Por Danilo Jiménez S.

Bajar a un grande siempre depara réditos.

Y los frutos se recogen rápido.

La prensa escrita en pleno se rinde este lunes en primera página al festejo encendido del “Chiqui”, con su 2-1 agónico ante Saprissa.

Y aunque el enfoque va por el lado de “la crisis” morada en el arranque del torneo, lo importante es que “la marca azul” está en portada.

Ese es el mensaje, esa es la moraleja: empezar a salir, mostrarse por lo que se hace.

Quizá después de la dramática y merecida victoria del domingo en el Fello Meza, el técnico y los futbolistas se decidan por algo grande.

Uno observa a este Cartaginés y lo envuelven las sensaciones. Entre ellas sobresale una que si bien no es muy racional, resulta alentadora.

Me refiero a esa corazonada de que se está edificando algo diferente.

La semana pasada hablamos de la fidelidad a una idea y el armado de una estructura de equipo para plasmarla en la cancha.

Ante el Saprissa, con algunos ajustes tácticos obligados –el reemplazo de Danny por Osman- se comprobó que el “esqueleto” es sólido y los complementos pintan bien.

Sin demérito del resto, hay hombres clave en todas las líneas. Lo de Sanabria como lugarteniente de Villalobos es loable.

Sólido arriba y abajo, encarna la salida con pelota al piso que demanda un equipo que se precia de jugar bien.

Lo de Valverde es una perogrullada, pero hay que insistir. Es la joyita del medio porque posee una velocidad mental que le permite anticiparse a las jugadas. Eduardo sabe lo que debe hacer con la pelota antes de recibirla.

El domingo lo patentó al moverla casi siempre de primera para agilizar la circulación, en una zona donde hay que tocar y no trasladar.

En un medio como el costarricense, donde existe un alarmante déficit de fundamentos básicos en técnica individual para el control de la pelota, somos privilegiados al disponer de Valverde y Sánchez.

Y las bondades no terminan ahí. El uso de un “doble cinco” Alvarado-López, confirmó una presunción previa de que si Randall quita y tiene en quien descargar la pelota, ello potenciará el rendimiento del resto en zona de creación.

Y aun queda “Chiqui”, el “nueve camuflado de 10″. Brenes interpreta muy bien el concepto de que “llegar es mejor que estar”. Se hizo el distraído detrás de Elizondo, pero tampoco se pegó a los zagueros, excepto en la jugada del gol decisivo.

Lo vimos moverse entre las dos líneas rivales –medio y defensa- y fingir desinterés.

El adversario se olvidó de él. Y Randall lo lastimó cuando daban al Cartaginés por muerto

Está en el mejor momento de su carrera. Ha incorporado el engaño y la sorpresa en sus movimientos sin pelota. Esa capacidad para aparecer donde el contrario no lo espera lo ha enriquecido.

El “Profe” tiene que estar contento, no confiado. En una semana rearmó el espíritu de un equipo que hipotecó la victoria ante Pérez Zeledón.

Está claro de que al imponer su idea de juego a los hombres que eligió, en realidad el onceno redescubrió el encanto por una conocida y exitosa manera de jugar, que nos distinguió en las lejanas décadas del sesenta y setenta del siglo pasado.

Quizá sea el momento de romper el molde e inaugurar una nueva era en el fútbol costarricense.

Y es que un cambio de esa naturaleza le corresponde hacerlo al mayor de la casa, al decano.

-Disfrute de la entrega número 3 de  “Pintado de Azul”:

La receta ideal

Por Danilo Jiménez S

¿Por qué un equipo que bordea la perfección en 15 minutos, dilapida una ventaja de 2-0, se llena de temores y termina pidiendo la hora ante un rival modesto?

¿Por qué el arranque y cierre de los partidos ante San Carlos, Santos y Pérez Zeledón fue clonado?

¿Se puede atribuir ese comportamiento a un problema físico, de manejo táctico o de actitud de los futbolistas?

Las respuestas a estas interrogantes son clave para enmendar el rumbo y perfilar para qué está Cartaginés en este Torneo de Invierno 2011.

Johnny Chaves lleva casi 14 meses al frente del equipo. Hay una columna, un sistema y un estilo.

Esa columna la integran Torres; Villalobos y Sanabria; Fonseca y Valverde; y “Chiqui” Brenes.

Falta consolidar a los dos laderos de la defensa. Por la derecha Johnson le sacó ventaja a Hidalgo en la preferencia del timonel. Y en la izquierda Josué parecía solo, aunque el domingo ante Pérez le salió un proyecto de competencia: el interesante novato Hernández.

En el medio el técnico debería definirse entre jugar con uno o “doble cinco”, mientras que por los costados lucen inamovibles Jiménez –revitalizado este torneo- y Sánchez.

Arriba, la pareja de Brenes sería Lezcano, errático en estos tres juegos porque un hombre de sus características requiere de un proveedor de juego que no tenemos.

Al cabo de un año y fracción está claro que hay identificación de los futbolistas con la propuesta. Pero hay asignaturas pendientes en lo táctico y en lo colectivo.

Pienso que Chaves ya vio dos caras: un equipo que atacó bien y se defendió mal (Pérez Zeledón) y uno que se protegió más y atacó muy poco (San Carlos y Santos).

No me gustó ninguna versión pues en ambas el encanto se diluyó al cabo de 15 minutos, aunque hubo algunas producciones aceptables e intermitentes al promediar cada partido.

Lo que sí está claro y preocupa es que cuando el reloj se aleja del primer cuarto de juego, el equipo se transforma: pierde el talento individual e hipoteca el juego asociado.

Para complicar las cosas, ante los generaleños el DT desarmó el tridente ofensivo Jiménez-Brenes-Lezcano y todo se desplomó.

¿Estamos en crisis? Sinceramente, no. Pero hay que recomponer la estructura.

Por ejemplo, Valverde y Sánchez deberían jugar más juntos; no uno en cada extremo del campo.

Son dos “medios centros” con cuota creativa. Cuando la pelota pasa por ellos, Cartaginés manda a placer en el juego; cuando se alejan, se viene la noche.

Y más arriba, aunque no duraron mucho juntos, me gustó Lezcano como pivote ofensivo y la yunta “Chiqui”-Eneas.

La ventaja del “profe” es que tiene a los hombres. Este es su equipo; él lo armó.

El desafío pasa, entonces, por entenderle las limitaciones, reducirle los defectos y exprimirle las virtudes.

Se viene un examen durísimo ante Saprissa y la sensación es que aun falta mucho para dar con la receta ideal.

 

-Disfrute de la entrega número 2 de  “Pintado de Azul”:

¿En qué andamos?

Por Danilo Jiménez S.

Dos juegos, dos empates. ¿Satisfechos? Jamás…

El azar jugó al contraataque. El sorteo del calendario puso las cosas cuesta arriba y nos mandó a patio ajeno en las dos primeras fechas del Torneo de Invierno 2011.

Había una tercera salida en fila, pero una oportuna negociación con el Pérez Zeledón nos enviará por fin al “Fello” Meza en la tercera jornada  ¿Muy duro, no?

Ahora que el Cartaginés completó dos jornadas conviene poner las cosas en perspectiva y recordar en qué andamos.

En junio del 2010 se depositó el futuro en una idea. Se trajo al técnico ideal para ejecutarla y la expectativa va en aumento.

La idea es reposicionar al equipo en la senda de grandeza que un día pisó. El camino es el buen juego y el responsable de armar el proyecto es el timonel mejor preparado del país.

En el plano administrativo los directores también apuntan alto. Liquidaron deudas –la mayoría heredadas- ajustaron el presupuesto a las posibilidades y ordenaron la casa.

El resultado es un equipo que piensa en  la gloria con legítima aspiración, aunque el camino es empedrado al cabo de los sendos 1-1 en el Carlos Ugalde y en el Ebal Rodríguez de Guápiles.

Ante San Carlos y Santos el equipo lució inteligente y ordenado, pero todavía lejos de su mejor versión.

Al aplomo y el control de pelota iniciales, sobrevinieron el vértigo y los apuros en defensa. En ese sentido, los partidos ante norteños y santistas fueron clonados: se anotó, se perdió el manejo en el medio y casi perdemos.

Mi opinión es que el control se debilita porque carecemos de un administrador de pelota que tome el mando y enfríe el partido cuando las condiciones  lo ameriten.

Tenemos volantes de lujo para jugar por los costados del campo y por afuera del área, es cierto, pero sin credencial de conductor para tomar las riendas cuando el rival aprieta.

El técnico Johnny Chaves insistió en el “doble 5” con Fonseca y Alvarado, y una posibilidad que surge es si Osman López –relevo en los dos encuentros jugados- puede tomar la plaza de uno y arriesgar con una cuota mayor de talento.

Adelante falta peso ofensivo. Es lógico porque el referente, Randall Brenes, estuvo fuera por sanción y nadie mejor que él entiende que el gol se gesta a 40 o 60 metros del área, con un quite, una descarga de pelota por el costado para dar profundidad al ataque, y un cierre en zona de definición.

Sin detrimento de las mejoras, el equipo me gusta. Es obvio que se debe consolidar el conjunto para que las individualidades reproduzcan sus virtudes. Es cuestión de tiempo…

 

-Disfrute de la entrega número 1 de  “Pintado de Azul”:

Una idea innegociable

Por Danilo Jiménez S.

La puesta en escena del Invierno 2011 colmó las expectativas.

Fue 1-1 intenso y trepidante, con un cierre dramático que convirtió a Luis Torres en héroe cuando “aruñó” el remate desde los once pasos de Cunningham y conmutó una sentencia de derrota.

Sus reflejos impusieron justicia porque no podía salir derrotado un equipo que al 28’ 33’ y 36’ del complemento “se comió” tres goles en piernas de Sánchez, López y Valverde.

Si mi pidieran escoger dos momentos del partido, me quedo con el primer cuarto de hora inicial y el cierre.

Confieso que me abandoné a las emociones en ambos pasajes; ese arranque auspicioso de pase repetido pelota al pie y el epílogo de ida y vuelta, donde Danny Carvajal y Luis Torres pararon todo.

Lo mejor del empate en el Carlos Ugalde fue la confirmación de que la idea crece más allá de los nombres, porque sin cuatro estelares el equipo redondeó pasajes de muy buen nivel que alimentaron la ilusión.

Del minuto 1 al 15 Cartaginés dispuso de la pelota, la administró con criterio y la embocó una vez, en una acción plástica y efectiva, entre el recién llegado José Sánchez y un revitalizado Paolo Jiménez.

Del 16’ al 45’ se resignó la posesión, pero el bloque se cotizó al alza. Y en esa labor fueron vitales Fonseca y Alvarado.

Danny con su posicionamiento para evitar que el oponente enhebrara y Randall muy atinado en la tarea de cortar y servir.

 Lástima que se animó poco con la pelota; él debe entender que un volante mixto está para darla, acompañar y culminar en el arco de enfrente.

De los nuevos, Flores cumplió con creces en el fondo. El hijo del “Capitano” en Italia 90 tiene entereza, anticipo y salida clara.

Esas son virtudes clave en un joven que a su edad debe romper el cascarón y confirmar que tiene genes protagónicos para sacar credencial de inamovible.

Sánchez promete vértigo por el costado izquierdo, pases-gol  y generación de  juego cuando Valverde se atore en la construcción.

Osman insinuó cosas buenas y Sáenz hizo un par de desbordes que lo metieron muy rápido en el partido  y obligaron a los rivales a bajarlo con falta.

Los primeros 30 del complemento fueron de control; ahí se vio la mano del técnico en el manejo del bloque y las líneas de presión. No llegamos, pero tampoco nos asustaron como en aquellos dos lances de la inicial, en los que Torres antepuso reflejos y ubicación.

Y del cierre electrizante ya hablamos…

Noventa minutos no dan para emitir juicios definitivos, pero ayudan a aquilatar lo que se trabajó en los dos torneos previos.

Cartaginés le guarda fidelidad a una idea definida, sin importar los intérpretes.

¿Se imaginen cuando lleguen Carlos Johnson, Pablo Brenes, Eneas da Conceicao y “Chiqui” Brenes?